Después de comer, lo que me apetece es tumbarme un poco. Los días que estoy más cansado me voy a la piltra, los que menos, me recuesto en el sofá y me pongo a leer una de las revistas que tenemos en cualquiera de las mesitas del salón de nuestro dúplex de Nueva York. Aquí me podéis ver con mi mujer, Joan Crawford, famosa por interpretar algunas películas y por las broncas que se montaba con la Davis y por más cosas. Está leyendo una crónica de la fiesta que dio Holden con motivo de su cumpleaños y al que por supuesto no habíamos sido invitados.
Pero el verdadero motivo de enseñar esta fotografía es porque un amigo común que vive en Madrid nos ha dicho que los almendros han comenzado a florecer allí, un poco pronto para mi gusto. Como a Joan le encanta la primavera no hemos podido resistirnos a poner un almendro de interior de plástico por supuesto. El plástico es lo que se lleva en esta época. También se puede ver el tapizado de los sofás deliberadamente chic, para que haga juego con el color del último coche que hemos comprado y que se encuentra fuera de la casa exactamente detrás de las cortinas. Son pequeños caprichos que nos podemos permitir. Carleton Varney amigo y crítico de arquitectura de la revista Harper's Bazaar, contó en una reseña de este piso que nuestro mobiliario tiene más plástico que la carne de los supermercados A & P. Pero la moda es lo del plástico. El asunto de los supermercados no sabría decirlo, no es asunto mío. Decía que el árbol lo hemos puesto por proximidad emocional con nuestro amigo madrileño y porque a mi mujer le gusta tumbarse a la sombra de los almendros en flor.
Mientras Joan me cuenta los pormenores de la fiesta de Holden, los asistentes, los cotilleos, a mí me entran ganas de ir al servicio. Se puede ver por la posición encogida de mis piernas y por la contracción del abdomen. Pero no puedo salir porque conociendo el temperamento endiablado de Joan es posible que estuviera dos días sin hablarme alegando que la he ignorado. Así que mientras parece que la escucho, observo detenidamente su bello aunque duro rostro y agarro firmemente la revista para mantener la tensión alejada del vientre. La lámpara es el contrapunto luminoso que compensa la escena. El sol no puede entrar en la estancia porque lastimaría su delicada piel y arruinaría esta escena de interior.

