Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de noviembre de 2012

Aún cantan los gallos ...Ezra Pound



Medinaceli  es un pueblo de la provincia de Soria cuyo nombre quiere decir “la ciudad del cielo”. He paseado muchas veces por sus calles que remiten a época medieval y menos a los romanos. Pero eso con ser importante siempre me ha dado un poco igual. Conozco sus calles, como se pueden conocer las calles donde uno vive por que las conozco desde pequeño. Sus casas palaciegas, calles empedradas, el silencio.

Ha cambiado mucho desde las primeras veces que vine, pese a que conserva las mismas dimensiones. Recuerdo que hace algunos, bastantes, años, la construcción mejor conservada era el arco romano que data del siglo I. El resto de construcciones había sido maltratado por el tiempo y por los hombres. Ahora está mejor, no hay edificios derruidos y las hiedras no campan por sus interiores.

Paseando por sus calles  me llamó la atención algo parecido a un monumento en un cruce de calles. También pudiera ser una plaza. Se trata de una piedra caliza sin labrar, en bruto, donde está colocada una placa metálica y con clara tendencia al óxido que dice “Aún cantan los gallos al amanecer en Medinaceli”, cita de un poema de Ezra Pound. No soy seguidor de la poesía de Pound, a lo mejor si, a lo mejor lo que ocurre es que no entiendo ni papa. También tengo claro que Pound es poeta de esos que se llama malditos por estar su mente sometida a transtornos variados y por haber estado internado más de diez años en un manicomio. Pudo elegir en un momento de su vida eso o la pena de muerte. Eligió muerte o sea manicomio.Se le recuerda por sus “Cantos”, por el modernismo y por estar adscrito al fascisto del que fue devoto seguidor. A Pound lo veo más como alguien difícil y remoto. Es más la sorpresa al encontrar el monumento en un sitio conocido y tomado por propio, como si de repente todos fuéramos un poco crípticos o estuviéramos algo trastornados.

El sentido del monumento es que Pound durmió en el pueblo una noche de 1906 mientras recorría el Camino del Cid rumbo a Berlanga de Duero. Un amigo se enteró de su muerte y se le ocurrió la idea de promover un monumento. Y desde el día de San Isidro de 1973, el momumento se encuentra en ese enclave. Es decir que en lo que a mí respecta, siempre ha estado allí. Pound falleció el 2 de Noviembre de 1972.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Atardecer en Oporto






Las calles del casco viejo de Oporto tienen muchas cuestas y varios niveles, como el descansillo de unas escaleras.  Desde la calle de Santa Caterina que es calle comercial, se comienza a bajar y cerca de la iglesia de San Ildefonso se encuentra la primera estadía en forma de catedral. Previamente se ve algo parecido a un valle asfaltado donde al fondo aparece la Torre de  los Clérigos y entre medias más o menos, se encuentra la plaza del ayuntamiento.  Al bajar encontramos un segundo nivel a la altura del puente de Luis I, por donde pasan peatones y tranvías. Desde la balaustrada se toma conciencia de la extraordinaria altura a la que se pueden encontrar las cosas. Se sabe que hay cosas más altas, pero en muy pocos sitios he tenido la sensación de vértigo extraordinario como en este puente. Supongo que tendrá que ver la disposición de las nubes, o el encajonamiento del río Duero o la presencia del barrio de la Ribeira con las terrazas que se adivinan, más que se ven, en el fondo. Algún que otro barco pasa y aparecen anclados los rabelos o barcos que servían para el transporte de la uva desde las zonas de recolección a las de reposo. Si el momento de la visita es el del ocaso, a lo anterior se une el contraste de la luz que junto a la altura hace percibir una sensación de completa irrealidad. No menos irreal aparece el funicular, con los raíles casi flotando sobre la pendiente de la montaña. 

Al seguir bajando y coger algunas de callejuelas que sirvan para desviarnos de pasos más transitados, suben algunos paisanos con rostros que parecían olvidados de caras enjutas, piel negra y escasez de dientes. Se adivinan los estragos de las drogas y algunos hacían deporte simulando un combate de boxeo en la calle, lanzando los golpes todo lo fuerte que podían, desacompasados y tristes. Dos de ellos vestían camisetas raídas de la marca Boxeur des Rues, que no sabía que era una marca, pero que de sus dibujos remite a Marsella o Marseille y que automáticamente me transportó a esa ciudad también portuaria y próxima. Y mientras los deportistas seguían con sus quehaceres, en una fuente próxima otro se echaba agua por la cabeza. En esta parte de la ciudad predomina la umbría y la humedad, la piedra y un ligero abandono. Es un barrio viejo, pero habitado y vivo, como pasa en Lisboa con Alfama y en otras ciudades donde el turismo todavía no ha llegado hasta el tuétano. 

Y seguir bajando hasta la orilla, hasta el puerto fluvial del Duero, donde se pueden sentir los aires que vienen o que vinieron de otras tierras, algunas lejanas,  otras muy lejanas. Donde se dejan sentir Mozambique, o Angola o Brasil o Macao y donde un soniquete a cosa que está pendiente de ver o de sentir recuerda que estamos en sitio por donde pasó mucha gente que vio muchas cosas y donde da la impresión que dentro de un rato o mañana, todavía es posible coger un barco, porque debe ser por rio y por mar y viajar a algún sitio recóndito de nuestra memoria.

lunes, 5 de mayo de 2008

En acción


McEnroe de La Elipa

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...