Me senté en el ordenador, intenté entrar en la cuenta de mi usuario de google, pero no logré acordarme de la contraseña. Llamé a mi hermana que se encontraba en la habitación de al lado. Le pregunté si la sabía, si alguna vez se la había dicho, si podía acordarse. Me dijo que no y además me dijo que me tranquilizara, que fuera a la cocina que me tomara un vaso de leche. Que procurara pensar en otra cosa. Qué fácil era decirlo!!. Me tomé el vaso de leche con un par de galletas, fui al comedor encendí la tele vi un par de noticias y regresé a mi habitación. Con la mente en blanco volví a intentarlo. Nada.
Progresivamente me iba dando cuenta de la gravedad de la situación, al no poder acceder a mi cuenta dejé de poder acceder al correo, al blog, pero también a la cuenta del banco que tenía asociada, a todos los contactos, a sus números de teléfono a los emails. Intenté ponerme en contacto con mi novia, pero tenía que identificarme de alguna manera. Me cree un nueva cuenta de correo, con otro usuario también en google y me puse en modo chat, afortunadamente estaba conectada. Cuando mi novia vio que un usuario desconocido intentaba entablar una conversación con ella, me bloqueó. Y lo mismo me pasó con Juan y con Elena y con todos los amigos de la facultad. De repente me había convertido en un sujeto invisible y sospechoso para los demás. Hasta mandé un correo a mi hermana que se encontraba en la habitación de al lado, que también descartó, aún sabiendo que había olvidado la contraseña. La llamé pero no contestó. Fui hasta su habitación y me acerqué a su silla, tecleaba algo. Pareció no enterarse de mi presencia Seguí hablando, le hablé más alto, pero ella me ignoró, desconectó el ordenador, se levantó de la silla, pasó junto a mí, apagó la luz y se marchó cerrando la puerta.



