
Hay edificios que sugieren sensaciones de la misma forma que hay fotografías de edificios que sugieren sensaciones. Es el juego de la realidad y la representación. Hay espacios en los que a vista de fotografía me gustaría estar. Uno de ellos es este edificio que se encuentra en Oporto y que recibe el nombre de “Casa do Conto”, que viene a ser algo así como la “Casa de los cuentos”. Inicialmente iba a ser la restauración de un edificio viejo del barrio de Boavista para convertirlo en hotel. Una vez iniciadas las obras se incendió y solo quedó en pie la fachada. El mismo estudio de arquitectura acometió la reconstrucción y lo que era un edificio tradicional se convirtió en una casa que sale en las revistas de diseño y arquitectura. Mantiene en su interior resquicios de lo que había, como el hueco-lucernario que se ha situado donde antes estaba la escalera.
Además decidieron darle un toque simbólico contratando a seis escritores que escribieron otros tantos microrrelatos distribuidos por las paredes y los techos del hotel. Parece que hay temática común e incluso hilo argumental. Ese detalle de que aparezcan letras me llamó la atención junto a la austeridad de la decoración a base de hormigón, el mismo del que suelen estar hechos los puentes actuales. Puedo imaginar el despertar en esa cama rodeado de una textura áspera e industrial y me imagino botellas o bolsas de plásticos a los pies o detrás de la cama y quizá los restos de una fogata en una de las esquinas. Todo puente lleva asociado una pátina de humo bajo los arcos o adherido a las paredes.
Existe el contraste del confortable despertar, observando el grabado de las letras, pero también de la intemperie y de la calle. Viendo las fotografías me gustaría estar allí. Igual si voy me dan ganas de salir corriendo.