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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Wayne




John Wayne acabó bastante cansado de La Diligencia, de John Ford y decidió darse un respiro de su compañera Claire Trevor así que en una de las raras reposiciones que pusieron de la película  en el cine Benlliure de Madrid, decidió salir de la pantalla y darse un garbeo por la ciudad.  Salió a hurtadillas de la pantalla, se sacudió el polvo del camino de Monument Valley y se puso la ropa de paisano del chico que vendía palomitas en el cine y salió a la calle Alcalá. Aquello fue todo un descubrimiento, primero porque al salir a la calle comprendió que pese a pensar en inglés sureño la voz le seguía saliendo doblada y en castellano. Se resignó al cambio de voz y en la ciudad se encontró con un descubrimiento tras otro, conocía los coches de finales de los treinta y las diligencias del  siglo pasado, pero estos vehículos modernos eran completamente diferentes por no hablar de los teléfonos sin cables.

Decidió que esta era una época que merecía ser explorada. Le costó encontrar trabajo y acabó de portero en una discoteca para guiris de la Gran Vía. No había perdido el toque de humanidad ni tampoco la pegada. Afortunadamente no tuvo que aprender el manejo de armas blancas o de otras artes traídas de oriente y hechas para la fractura de huesos. Además mitigaba fácilmente su soledad con compañía femenina. Tenía facilidad con las chicas y a una novia le seguía otra y así. No era una vida fácil ni difícil, pero una vez hubo puesto orden en la puerta de la discoteca no se le ocurría otra ocupación u otra motivación. Echaba de menos su vida de galán de cine, sus martinis y esas cosas que hacen que la vida sea de otra manera. Ya había pasado un año desde que apareció por aquí.

Inquieto por naturaleza pensó que había llegado la hora de regresar, así que fue al cine Benlliure. Pero no es buena época para las películas ni para los cines. En lugar del cine se encontró una tienda de libros. No le importó demasiado, no era una persona que se dejara impresionar fácilmente. El interior de la librería era exactamente igual que la del cine pero sustituyendo butacas por estanterías. Al menos no lo habían convertido en otra tienda de ropa. Mientras rodaba La Diligencia había visto a John Ford leyendo un libro de un autor que por el apellido supuso que podría ser francés. Intentó recordarlo, recorrió todas las estanterías, tardó un día en ver el nombre del autor escrito en la solapa de un libro, Guy de Maupassant, tuvo suerte era, “Bola de sebo y otros relatos”. Se sentó en una de las butacas que había para que los clientes pudieran descansar u ojear algún texto. Comenzó por el relato que daba título a la colección para saber de qué iba y antes de que se quisiera dar cuenta ya lo había terminado de leer. No es un relato largo. Había un parecido evidente entre la película de la que se había escapado y ese relato. Se sorprendió al comprobar cómo Ford había podido transformar la feroz historia de los viajeros de una diligencia del siglo XIX durante la guerra franco-prusiana en una película del oeste, con indios y médico alcohólico. Wayne quiso comprobar cómo sería el equivalente a su novia Claire Trevor que en el relato era precisamente el personaje llamado Bola de Sebo o el suyo llamado Cornudet que era  revolucionario y azote de mentes conservadoras. Decidió que no le vendría mal irse a dar una vuelta por la Francia del siglo XIX acosada por los prusianos y por el hambre. Había llegado el momento de desentumecer músculos.



sábado, 29 de diciembre de 2012

Umberto D.



Hay ocasiones, muchas, en que la realidad supera la ficción. Esta tarde al salir de casa y cuando llevaba caminados unos pasos se me acerca titubeante un hombre de unos treinta años, bien vestido, afeitado, pelo corto, delgado y tartamudeando, como costandole sacar las palabras, dice.

- Perdone que le moleste. Yo no quiero molestarle. No estoy borracho, puede verlo, ¿ve que no estoy borracho?

Es cierto, no estaba borracho y aparentemente gozaba de buena salud.

- Tan solo quiero que me escuche un momento. Yo vivo aquí detrás, en ese bloque de pisos. Hasta hace unos meses tenía trabajo, pero ahora, ahora no tengo nada. Si pudiera darme ...

No me llamó la atención la historia, por desgracia en Madrid se ven muchos casos peores que este. Lo que me sobrecogió fue la torpeza del intento y la sensación de que la persona que tenía delante de mí estaba dando los primeros pasos en la mendicidad. Es una realidad tan desgarradora que se me hace difícil  imaginar la certeza de que hoy ese hombre no tiene nada que esperar.

A veces he intentado comprender qué es lo que pasa por la cabeza de una persona que no tiene nada, que vive en la calle, que está a merced de cualquier desalmado. Ese es el siguiente estado al que se accede a partir  del momento en el que un día sales y dejando a un lado tu orgullo pones la palma de la mano delante del prójimo y pides algo, pides limosna. Me parece una de las pruebas fuertes a que la vida nos puede someter, partiendo de la base de que en la mayoría de los casos no hay  elección. También de santidad, no olvidemos que gran parte de los santos de cualquier religión eran mendicantes, pero lo eran  por decisión propia.




Este hombre me recordó a Umberto D. el protagonista de la película del mismo título dirigida por Vittorio de Sica. Hay una escena conmovedora que puede verse en el vídeo anterior en la que por así decirlo Umberto está iniciándose en la práctica del pedir. Se intuye la torpeza al poner la mano cuando pasa un transeunte, y de girarla, como si estuviera comprobando si llueve, en el momento en el que le van a dar unas monedas. Exactamente esa misma sensación he tenido esta tarde al encontrarme con mi vecino. Y lo más inquietante es saber que mañana podemos ser cualquiera de nosotros.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La vida de Pi - Ang Lee




No me deja de sorprender la cantidad de páginas que se han escrito sobre ética y sobre la importancia de nuestras acciones en lo que nos rodea y la indiferencia que tiene la naturaleza sobre lo que nos ocurra a los humanos. Le importa menos los humanos y lo que nos pase que a Díaz Ferrán, suponiendo que este sujeto pueda ser incluido dentro de eso que se ha dado en llamar naturaleza.

El  otro día fui a ver la "Vida de Pi" y resultó ser una prueba más de esto que estamos hablando. Para no destripar la película no haré un detalle de todas las barrabasadas que la naturaleza hace con el protagonista, me ceñiré a lo del tigre.

Debemos suponer que por los azares de la vida nos encontramos un día montados en una barca, perdidos en el mar con la única compañía de un tigre. Pero uno de verdad, no sacado de una película de Walt Disney. Y el protagonista que se llama Pi se esfuerza, no solo por salir vivo si no por salvar al animal de una muerte segura. Claro, sucede que esto de tener cerebro al final acaba otorgando cierta ventaja al humano. No diré que se entabla una relación amistosa, porque el tigre, que por cierto se llama Richard Parker, es un broncas. Como en toda relación mal avenida, cada vez que Pi entra en la barca le monta un cristo de categoría. Y debe entrar. Nuestro protagonista se pasa gran parte del tiempo en unos flotadores atados a la embarcación.  Y el animal con esa mirada del tigre llena de fiereza y de mal rollo. Pues con todo Pi acaba salvando la vida al animal. Y cuando llega lo de la isla parece que hubiera un conato de entendimiento.

Pero Richard parker es indiferente a todo tipo de humanidad. Cuando tiene la primera oportunidad y después de algunos meses de compartir barca, el animal se marcha sin ni siquiera una mirada o signo  de afecto. Sin decir adiós. Eso resulta doloroso y sin sentido al protagonista.

La película es muy imaginativa, contada como una historia dentro de una historia, con un final que obliga a repensarla y con cantidad de vicisitudes donde las circunstancias obligan a  Pi, a luchar a brazo partido.

También se habla mucho de dioses, de fe y del más allá y para justificarlo se presenta la naturaleza como una prueba a superar. Hay un documental que se llama “Grizzli Man”, donde el protagonista se hace amigo de los osos y donde predomina el buen rollo y la hermandad con una naturaleza que parece de dibujos animados. O eso cree el protagonista hasta que uno de esos trozos de naturaleza, indiferentes a todo sentimiento, se lo comió. A la naturaleza le da igual las personas.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Looper





Esta película remite a procesos de autorreferencia. Lo que quiere decir que en un momento de la película el proceso se llama a si mismo y puede repetirse un número de veces. Llevado a la trama una persona se encuentra físicamente consigo misma, y ¿Qué hacer entonces?. También se plantea el problema de los viajes en el tiempo y de la imposibilidad de deshacerse de los cadáveres en un futuro, de alguna forma de la imposibilidad de matar. En definitiva que son muchas cosas las que plantea la película para ser resueltos con pocos medios pero con mucha imaginación.

En la película, el protagonista se encuentra consigo mismo pero con treinta años más y el yo joven debe matar al yo viejo. La flecha del tiempo dice que si el joven mata al viejo, el joven sabe cuando va a morir. También dice que si el viejo mata al joven, el yo viejo desaparecerá y su existencia se desvanecerá, no habrá existido. No sé si contarán el resultado de sus actos. Por si fuera poco ambos yoes son unos asesinos, si bien el viejo es más peligroso al tener más experiencia, también más experiencia criminal. No se puede negar que el planteamiento es interesante. Imaginemos encontrarnos con nosotros mismos unos años antes o unos años después. ¿Cómo nos veríamos? Giovanni Papini se lo imaginó en un relato titulado “Dos imágenes en un estanque” del libro “El piloto ciego”, donde el viejo acaba tirando al joven a un pozo. No podía soportar su carácter, no podía soportar su propia presencia, acaso su propia juventud. En la película sin embargo parece que ambos se reconocen y hasta cierto punto se comprenden, sin olvidar que al comienzo el joven pretende matar al viejo, es verdad que sin quererlo.

Si este proceso de autorreferencia se produce una vez, es posible que se pueda producir otras veces y que simultáneamente puedan aparecer varios yoes por lo que siguiendo la lógica anterior, en lugar de una reunión de viejos amigos, se puede convertir en algo parecido al duelo del OK Corral.

Además estos procesos son liosos de pensar y más todavía de orientarnos en nuestro pensamiento porque cuando creemos que tenemos la idea agarrada por la solapa, se nos escapa y al volver a ese punto de razonamiento ya se ha marchado. Es necesario anclar la secuencia a un dato a partir del que ir hacia delante y atrás. Quiero decir que me marea el andar corrigiendo posiciones para poder entender el desenlace. Algo parecido me pasó en la película Origen, donde al final me acabó dando igual el espacio-tiempo en el que se encontrasen, con tal de que aquello acabara de alguna manera. Esta no llega a ese punto de mareo.

Son cosas al estilo “Todos los cretenses son mentirosos” dicho por Epiménides que era cretense. Que no hay forma de resolverlo.

A pesar de los líos de la cabeza, se me hizo corta, lo cual dice casi todo lo que se puede decir.


sábado, 27 de octubre de 2012

El ángel exterminador y lo podrido




En la película dirigida por Buñuel y titulada “El ángel exterminador” un grupo de personas se encuentran dentro de una casa sin posibilidad de salir. Esto no quiere decir que estén encerradas. Hacen su vida en el salón que da a un enorme recibidor que a su vez da a la calle. No hay muros, ni verjas, una enorme puerta abierta les permite salir cuando quieran. O eso parece. Las personas atrapadas tienen la categoría de burgueses. Inicialmente se comportan con la educación y los modales que se les supone. A medida que pasa el tiempo y comienzan las escaseces de comida y de higiene, la educación salta por los aires tratándose unos a otros como animales. La única forma de que acabe ese infierno es salir pero una enorme puerta abierta se lo impide.

Hace unos días ocurrió un caso escalofriante. En un piso de Ciempozuelos (Madrid), los vecinos llevaban dos años oliendo a podrido. Especialmente en verano. El piso estaba habitado por una mujer, a la que le habían quitado la custodia de sus cinco hijos. Llamaron a la policía para solicitar una orden judicial que les permitiera entrar. Fue denegada. Llamaron también a los bomberos para comprobar si a través de alguna argucia podían colarse, pero se encontraron con que necesitaban la autorización de un juez. Se lo volvieron a denegar. Seguían los malos olores. Estas situaciones se repitieron varias veces a los largo de los dos años. La misma absurda situación se repetía una y otra vez. Se trataba de entrar al piso y comprobar qué originaba el mal olor. Un día el marido de la señora que supuestamente vivía en el piso salió de la cárcel, llevaba siete años cumpliendo pena por violación. Llamó a la puerta y al no abrir nadie y poniéndose al corriente de lo que sucedía, bajó a la calle, compró un mazo y tiró la puerta abajo. Dentro se encontró el cadáver momificado de su mujer. En este caso la voluntad de un juez les impedía comprobar algo que todos; vecinos, policía, bomberos, sabían que estaba, pero esa instrucción intangible les impedía entrar y así hubieran podido estar años y años. Buñuel forever.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Tim Burton, Vathek y la intuición





Me sorprendió el comentario que sobre Tim Burton expresó su profesor de colegio cuando le preguntaron cómo era Tim de pequeño. Su respuesta fue: “era un niño normal”. Justo como pensábamos que iba a ser. El periodista le insistió sobre su indumentaria o sobre su estilo de corte de pelo. “Era un niño aplicado, pero normal en todo.” Parece que por su aspecto nada hacía presagiar esa inventiva desbordante y por su puesto nada que ver con ese look de pelo cardado, colgandero y electrificado. Eso vino después. Seguramente cuando fue tomando conciencia de su identidad.

Tim Burton nación en Burbank ciudad que se encuentra en California y donde difícilmente se diferencia el invierno del verano.  Inmediatamente recuerdo las imágenes lúgubres de sus películas de dibujos animados y la sensación de frío que transmiten algunas de sus escenas cuando no la película entera. Ni aún desarrollándose en verano se podría atribuir calor a esa imaginería. Y sin embargo Burton pasó su infancia en una permanente primavera. No deja de ser paradójico que la imaginación pueda llevar a crear otros lugares ajenos a los lugares comunes, como si el artista supiera los secretos del frío y las oscuridades. Otro detalle a tener en cuenta es la arquitectura de sus ciudades. En “La Novia Cadáver”, sus calles me llevaron a Praga o al menos a la imagen que yo tengo de Praga. Pero me resulta insólito admitir que esa percepción se puede tener viviendo en California. Es sorprendente que determinadas certezas sean fruto únicamente de la imaginación.

Algo de esto se encuentra en Vathek, novela escrita por William Beckford cuando tenía 21 años, a finales de 1782. Se da el caso de que es una novela influida por “Los cuentos de las mil y una noches”, donde se detallan las aventuras del califa Vathek en la búsqueda de la inmortalidad y donde se describen con detalle calles, comercios y barrios de ciudades árabes, así como formas de vida por un autor que nunca había estado allí, pero explicado con un conocimiento y un rigor que a la lectura pareciera que no hubiera salido de los sitios que relata.

Mezcla extraña  esta de Burton y Beckford

martes, 16 de octubre de 2012

Resacón en Las Vegas




A Las Vegas le resulta difícil salir de su propio estereotipo. Luces de neón, casinos por todas partes, grandes fuentes, parafernalia de cartón piedra. Durante el día aparece la ciudad en toda su crudeza afectada  por el  calor del desierto. La han mostrado tantas veces que aunque no se haya estado, ya hemos estado, y hasta es posible que nos resulten conocidos rostros que no hemos visto nunca.

Esta claro que Las Vegas  tiene toda la ambientación y toda la sugerencia de encontrarnos con una película que se desarrolla en el patio de nuestra casa.  Otras ciudades con estas características son Nueva York y en menor medida San Francisco. Además está el mito de que todo lo que pasa en esa ciudad allí se queda. De modo que sabemos de antemano que las aventuras que vayan a pasar esta cuadrilla de amigos está bendecida por la propia ciudad .

El punto de partida es el resacón después de una despedida de soltero. La presencia de un tigre en el water presagia el  fiestón  y  la desaparición del novio lo confirma. Se trata de saber el motivo de “cómo hemos llegado a esto”. Y ese es el mérito de la película, que sin mostrar una imagen de la  juerga y sabiendo el espectador lo mismo que saben los protagonistas, investigar los pormenores de la pérdida del colega, de una deuda millonaria, de una boda improbable y hasta de la presencia de Mike Tyson. Casi toda la trama se desarrolla de día, manifestando el viaje de la noche al día de la ciudad, pero también de los protagonistas. Manifestando lo que por la noche es fiesta , durante el día se convierte en realidad o en pesadilla, tanto para la ciudad como para los colegas.

Supongo que Las Vegas es un sitio propicio para esos contrastes, el cambio de la luz eléctrica a la luz natural, el cambio del  fresco de los aires acondicionados al calorazo del desierto de Mojave. Es un sitio del que debe ser difícil salir tanto física como mentalmente. Sitio de contrastes como la propia película que se me olvidaba decirlo es muy divertida.


jueves, 4 de octubre de 2012

Frankenweenie - Maquetas





Recuerdo que cuando era pequeño pasaban en la tele de blanco y negro un tipo de dibujo animado que me producía una enorme tristeza. Sus protagonistas eran muñecos de plastilina y  su falta de expresión me sumía en un estado de ánimo que me obligaba a apagar la televisión y a cambiar de actividad. Años después me enteré de que algunas películas estaban dirigidas por Jirí Trnka y se consideran obras maestras. Ese tipo de dibujo animado es el que me recuerdan las películas de dibujos dirigidas por Tim Burton. También me producen una cierta tristeza que no impide concentrarme en la trama y hacer que me parezcan espectáculos memorables. Hablo de las dos que he visto hasta la fecha “Pesadilla antes de navidad” y “La novia cadáver”. Ambas tienen algo que me trasporta a mi  infancia.  

Me enteré por la tele de que estaban exponiendo las maquetas-escenarios de la última película rodada por Burton y que se va a estrenar dentro de unos días. Se trata de Frankenweenie. Película de la que en el año 1984 hizo un cortometraje con actores de carne y hueso. Pensé que la exposición sería en Los Ángeles o Nueva York, ciudades afines a la industria cinematográfica, pero posteriormente me enteré que la sala que albergaba el acontecimiento era el Cuartel del Conde Duque, aquí en Madrid.

La exposición gira alrededor de cuatro maquetas que están diseñadas al detalle, a saber; una calle, la clase de Víctor el protagonista de la película, un desván y su habitación. Hay que decir que la técnica de estas películas se llama stop motion. Para dar sensación de movimiento no se utilizan ni dibujos, ni gráficos 3D. Tan solo muñecos con un ligero cambio de posición en cada fotograma a una velocidad de 24 fotogramas por segundo. Esto, según nos explicaron, da un rendimiento de tres minutos de película a la semana. Pero claro esto se hace cuando ya está pensado el guión y construídos los decorados. El tiempo de producción de la película es de cinco años. Lo más difícil de lograr es el parpadeo, la sensación de estar parpadeando.

En la maqueta que representa la clase había hojas sobre los pupitres de los alumnos cada una escrita con un texto diferente y hasta con una letra diferente. El grado de minuciosidad es extraordinario. Se puede apreciar los nudos de la madera, las telas de araña, la cadena de la bicicleta con sus eslabones, el polvo sobre los muebles. No solo es una obra de arte si no que manifiesta una capacidad de observación fuera de lo normal. El hiperrealismo es frecuente en pinturas o esculturas, también en maquetas.

domingo, 23 de enero de 2011

Chaplin - Tres películas mudas




Hoy hemos visto tres películas de Chaplin en el cine Doré, a saber “Charlot en la calle de la Paz”, “Charlot en el balneario” y “Charlot aventurero”. Creo que es la primera vez en mi vida que veo una película de Chaplin en el cine. Además con música en directo. El pianista de sala se llamaba Mario Marín y la música era de un compositor que me gustaba mucho hace años. Su nombre es Carl Davis y debo mi admiración desde “Y el mundo marcha” de King Vidor. Yo pensaba que este compositor era de esa época, de los años diez o veinte, pero hoy me he enterado que no, que cuando se estrenaron todas estas películas él todavía no había nacido, de hecho nació en el 36.
También hace muchos años que no veía una de Chaplin fuera muda o sonora. Me gusta el nombre en inglés para las películas mudas, "silent movies". Hace años me sorprendió "Mosieur Verdoux", pero no lo hicieron ni “Tiempos modernos”, ni “Luces de la Ciudad”, ni “El gran dictador”, es posible que no fuera el momento de verlas. Hoy sin embargo me han sorprendido estas tres películas, por muchos motivos, por el ritmo, por la agilidad en contar la historia, por la facilidad con que fluye todo el metraje. También se aprecia que los tiempos están cambiando. Se habla con alegría de borracheras, de desacatos a la autoridad, de violencia, de miseria. Sin embargo la cámara se aleja lo suficiente para no mostrarnos un primer plano del gesto dolorido o desamparado de esos habitantes y todo aparenta ser normal. Además en estas películas, cualquier objeto es susceptible de ser el centro de un gag, desde una fuente a una camilla, pasando por una puerta circular. Creo que tiene mucho mérito hacer reir con un objeto y unos señores corriendo y dándose de trompazos por ahí.
En las tres películas se intuye al golfillo, al pájaro, al ser que ha nacido al margen de la sociedad pero quiere formar parte de ella, quiere ser admitido, pero le cuesta y no veo claro que lo consiga. Al final triunfa el amor y se va con la chica, pero no se por qué me da la impresión que no va a ser fácil cambiar ese carácter que tiene una historia, que parece presente en muchos de sus actos y que transciende al personaje y nos lleva, casi con seguridad, al autor.
Jaal - 22/365

viernes, 14 de enero de 2011

La pesadilla de Darwin





Los nativos se mueren de hambre mientras los occidentales se llevan unos peces grimosos que atienden, es un decir, por el nombre de perca del Nilo. Es un pez que echaron en los años sesenta en el Lago Victoria y se comió todo lo que había y todavía no ha parado de engordar o sea que algo sigue quedando.
Unos aviones de Rusia o de algún otro país del este llegan al lugar, cargan las bodegas con las percas, bodegas que previamente han transportado todo tipo de armas de fuego ligeras o casi y vuelven a su país más ricos y más podridos. En este película se representa una buena parte de las miserias del mundo, la colonización atróz, el abuso, el expolio, la muerte, el armamento, las guerras, la prostitución, la devastación de todo aquello que pueda ser susceptible de uso.
Recuerdo con horror el secadero de los despojos del pescado, que es lo único que pueden comer los nativos, los despojos de su propio pescado, al que lo llevan en unas furgonetas que se intuyen malolientes, llenas de cabezas, raspas y pieles. Seguimos como hace muchos años. Da la impresión que somos incapaces de aprender y sin embargo parece que algo hemos aprendido. A lo mejor es una ilusión.
Jaal - 14/365

sábado, 1 de enero de 2011

Origen



Esta película presenta una serie de procesos al estilo A llama a B que a su vez llama a C y para volver al origen es necesario desandar el camino como C-B-A. Es una suerte de proceso recursivo o autorreferente por el que un sueño llama a otro sueño y a otro… Con procesos temporales que se desarrollan a diferentes velocidades pero que además son simultáneas. Básicamente mientras escribo esto me siento como cuando vi la película, con una sensación de mareo y creo que absurdo. Lo bueno del caso es que las escenas en cada una de las etapas o eslabones están rodadas con brío y transmiten sensación de velocidad y vértigo. Pero en general cuando intento comprender, me pierdo y me da pereza volver a tejer, otra vez, el hilo argumental para saber donde me encuentro.

Por supuesto el final es abierto, o cerrado o en cualquier caso no es de inmediata comprensión y me da igual cualquiera de las interpretaciones.

Jaal 01/365


sábado, 20 de marzo de 2010

Up in the air


El estilo en el que está contada “Up in the air” permite ver a los personajes a una cierta distancia. Como si los viéramos a través de un cristal.

El tema de la película es el despido y sus efectos inmediatos en las personas. Alguien va a una empresa a despedir gente. Nos muestran a los afectados y nos hacen ver que sus reacciones frente a la contrariedad son predecibles.

También nos muestra a un despedidor ajeno a compromisos personales y cuyo trabajo es despedir y hacer que el impacto sea lo menos traumático posible para el despedido. Todo ello contado con contención y ritmo sostenido.

Su director es Jason Reitman.

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