Guillermo entró en la habitación vacía. Dentro había una mesa y sobre la mesa un plato vacío. Junto a la mesa una silla. Guillermo entró y se sentó en la silla. Tensó su cuello y miró al plato que estaba sobre la mesa. Lo cierto es que pensó en todo el mundo. Pensó en los desarraigados de la Tierra, los que no tienen pan, ni casa, ni cariño, en todos aquellos que aparentemente no tienen nada que hacer. También pensó en aquellas familias unidas y a las que nada les falta. Pensó en los niños y en los mayores en los sanos y en los enfermos. Deseó no olvidarse de nadie. Los dibujó en su mente. Posteriormente se levantó. Apagó la luz. Cerró la puerta.
Feliz Navidad.
