lunes, 18 de julio de 2016

Condenado a muerte







Esta mañana me he despertado recordando que soy una persona condenada a muerte y que la sentencia se cumplirá mañana por la mañana. Así que, como cada día, me duché, fui a la cocina y desayuné con mi mujer e intenté comportarme como si fuera un día como otro cualquiera. De hecho al salir a la calle ya se me había olvidado completamente que era una condenado a muerte. Pero sucede que los demás, todos ellos quiero decir,  mi familia, amigos, compañeros de trabajo, hasta el camarero del bar, todos ellos, saben que todo habrá terminado mañana.

Y en el trabajo los compañeros intentan comportarse como cada día pero al final notas esa mirada de conmiseración que te hace pensar que lo saben y después viene un silencio y a veces esa pregunta devastadora, “¿cómo te encuentras?”, momento en el que dejas esa automática respuesta en el aire a la que procuras no dar ningún énfasis pero que contiene un trasfondo devastador.

- Bien, bien...

Y lo hacen porque son conscientes de que te has olvidado y ellos no quieren que lo olvides. Las personas que están junto a ti no quieren que seas ajeno a tu destino y se preocupan. Así que con el paso de las horas vas notando la “terribilitá” de una situación que no me afecta pero que a los demás les trastorna el comportamiento y la forma de ser.

5 comentarios:

Mirella S. dijo...

Hay diferentes tipos de condenas, a veces ir a un trabajo termina siendo una lenta condena a muerte. Actualmente perderlo, puede ser otra.
Y después están las que nos imponemos nosotros, con lo que hacemos con nuestra vida... pero saber que será a la mañana siguiente debe ser más tremendo para los cercanos que para el propio condenado, que lo toma con una resignada naturalidad.

Me alegra tener noticias tuyas, Jaal, leerte es siempre placentero.

Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

La familia, los amigos y los compañeros no son de fiar.
Al tiempo.

Saludos.

Emilio Manuel dijo...

Yo no me preocuparía, todos esos que te miran, como los que no lo hacen, están condenados a morir antes o después.

Saludos

Nieves dijo...

Todos llevamos esa candena a muerte, el no saber cuando se ejecutará esa condena nos alivia pero ahí la llevamos.

Me alegra poderte leer de nuevo.

Saludos!!

Uno dijo...

Esa preocupación de los demás por tu supuesta inconsciencia que describes es lo peor. Y había que decirlo. Y lo has dicho rebien.
Me alegro de tu vuelta.

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