martes, 5 de noviembre de 2013

Sonidos de la ciudad





Hay noches en las que un ruido me sobresalta. Estoy dormido, acurrucado entre las sábanas y un sonido llega de la parte alta de la calle,  “ploom”. Un poco más tarde oigo un sonido similar, y un poco más tarde vuelvo a oír otro similar. “ploom”, “ploom”. Los intervalos entre uno y otro son parecidos. Una vez despierto, me acurruco en la cama y espero.  En verano, con la ventana abierta es fácil percibir los matices de los sonidos. La luz de una farola entra en la habitación, tiene un color blanquecino, ligeramente metálico, inhumano, tamizado por la persiana . 

Cada vez se escucha con más nitidez porque se acercan y se perciben más matices, el sonido de cartones, la distorsión de las bolsas como de cosas que caen al suelo. Normalmente los ruidos son secos y no permanecen en el tiempo, algo que se cae, algo que se rompe. No se oyen diálogos, ni voces, si acaso una respiración o un suspiro. Este patrón sonoro se rompe a medida que el sonido va haciéndose más diáfano, en esos momentos se siente como alguien horada, escarba, se intuye el roce de unos materiales sobre otros. También se escucha el sonido de las ruedas de un carro metálico y la colocación de objetos en su interior y las pisadas de alguien que empuja. En la cama cierro los ojos e intento adivinar el momento en el que se escuchará el siguiente “ploom”. Este sonido de plástico, de tapa que se cierra y que cuando se escucha debajo de la ventana emite una cierta vibración que mantiene la cadencia. 

Posteriormente se aleja y los matices se pierden y el caer de los objetos al suelo resulta más lejano y ya no se oyen pisadas, ni fricción, ni ruedas de carro. Vuelvo a abrir los ojos cuando el sonido se ha desvanecido y pasa algún coche. A veces, no muy lejos, se oye la sirena de una ambulancia. En el techo de la habitación se sigue viendo la luz tamizada por la persiana que entra de la calle, una luz blanca y siento un ligero escalofrío aunque estemos en verano. Me tapo con la sabana e intento dormir.

15 comentarios:

Andrés de Andrés dijo...

Antes de nada, bienvenido al mundanal ruido de nuevo. Se te echaba de menos. Creo ver en esos sonidos que denuncias la necesidad de muchas personas buscando entre los residuos de una sociedad cada vez más dormida. De tan habitual, se nos hace ya familiar. Un abrazo.

Patzy dijo...

Hola, Jaal! Qué bueno volver a leerte! "Bienregresado"! Y como siempre, una de las tuyas...una descripción, con lujo de detalles, del momento previo al sueño o al insomnio...Ojalá pudiera dejar de percibir tantos ruidos en la noche, y así poder dormir un poco más que las escasas cuatro horas diarias. Conozco bien estos sonidos que relatas! Un gran abrazo.

Juan Ignacio dijo...

Hola, Jaal, me alegro mucho de tu vuelta.

Un abrazo.

silvo dijo...

Ese ruido está muy bien definido, saludos

Uno dijo...

O sea que estabas ausente porque estabas sobrecogido. Pobre. Ya veo que el otoño y las ventanas cerradas te han proporcionado tranquilidad y el reposo inspirador. Cuánto me alegra.

Arturo dijo...

Jaal:
Muy buen texto, donde se oye la miseria, que llegó para quedarse.
De niño, a mediados de los sesenta, dormía en una habitación a la calle y, en verano, solo se oían los pasos de algún vecino que pasaba. Iba o venía de su trabajo.
Un gran abrazo.

Mirella S. dijo...

Un gusto volver por aquí y leerte, Jaal.
Hiciste una descripción precisa y un poco inquietante de esos ruidos nocturnos, tal vez porque me remitieron a los "cartoneros" de Buenos Aires, que cada noche escarban en las bolsas de la basura apiladas en las calles.
Patzy te lo dijo en castellano y yo en italiano: ¡Ben tornato, amico!
Un abrazo.

Nieves dijo...

Me alegra mucho volver a leerte, sin duda un relato que te hace imaginar, los ruidos nocturnos que tan bien has sabido describir hasta envolverme en esa atmósfera de una calle en penumbras e intentar imaginar la causa o causantes de esos ruidos.
Me ha encantado. Jall :)

Un beso y un abrazo!!

Beto Monte Ros dijo...

Muy buena la sensación que transmite con esos ruidos que molestan y desvelan.

Saludos.

Rafa Hernández dijo...

Te entiendo, y de esto sé tela. Todos los ruidos de la noche son perturbadores. Y como apuntáis esos ruidos muchas veces son de angustia y desesperación. Bueno no siempre, a veces también se oyen chingar a los vecinos. Digo que de esto se tela, porque no tengo problemas y cada vez duermo menos y peor. Últimamente no duermo ni tres horas, y hasta las manecillas del reloj, me machacan el alma.

Un abrazo

Melvin dijo...

Uno se siente tan inevitablemente sensible ante esos acontecimientos tan intensos como desconcertantes... La vida exterior entrando en el cerebro, penetrando en la ensoñación como un intruso con cuerpo.... Genial regreso... Besote.

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Un relato muy bien construido y con el interés creciente de un insomnio no buscado: ¿real o sueño? Real, son los sonidos de una colmena en una ciudad, los sonidos de sones lejanos que atemorizan, que nos hacen predecir quién los provoca, por qué lo hacen y cuál es el resultado de tener que escucharlos. No es nada, no pasa nada, es la ciudad.

Un gran saludo amigo Jaal.

Teresa Palmer dijo...

De nuevo estoy por aqui, creoque ya estoy sacando la cabeza del lio del ordenata

Esos ruidos atraviesan el alma amigo mio...y cada vez habrá más...

Besos

El collar de Hampstead dijo...

Cartones...el ruido de la pobreza...

Bss,Carmen

Aristos Veyrud dijo...

No hay duda hasta en el dormir la programación de la vida moderna se inmiscuye espanto el paraíso de los sueños. Una dictadura hasta en el alma y su reposo.
Abrazos!!!

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