lunes, 13 de enero de 2014

Hermanas





Tres ancianas viven en el tercer piso de una casa vieja sin ascensor. Su vida son ciclos diarios y repetitivos. Por la mañana se levantan a la misma hora. Una de ellas se preocupa de la intendencia, de saber lo que van a necesitar para comer ese día. Llama por teléfono al tendero del barrio que le sube el pedido. También se ocupa de llevar la cuenta de las medicinas. La otra limpia un poco. La tercera prepara la comida. Hace un tiempo iba un familiar a comer todos los Domingos pero ha dejado de ir. 

Después de  comer friegan los platos y se sientan en el amplio sofá del salón a ver el programa de cotilleo de la tele. No pasan cinco minutos antes de quedarse dormidas. Cada una de ellas  se sienta en su sitio habitual con su manta y siempre en la misma postura. Después, casi sin hablarse, se acicalan un poco y salen a la calle de paseo. Es de ver que al salir las tres van agarradas del brazo por la acera. Unas aceras no demasiado anchas donde de vez en cuando surgen problemas con algún peatón que pretende pasar. En  ese caso una de ellas, la más joven que suele ir en uno de los extremos, relaja ligeramente el brazo que sigue sujeto al brazo de su hermana y gira su cuerpo para ceder el paso.

Hace un año la menor de las hermanas se paró en un kiosco a comprar un cupón de lotería. Pensaban que un día les tocaría la lotería y que ese dinero les ayudaría a tener su propio piso, a ser independientes, a llevar otra vida. Ese día la hermana mayor se soltó del brazo de su hermana para llegara al kiosco y pidió el cupón del Viernes mientras se agarraba al mostrador. Al guardar la cartera en su bolso, vio a sus hermanas derrumbarse sobre la acera como se derrumban los edificios viejos. Ella misma no se atrevió a soltarse del mostrador. Sus ojos cansados miraban sin reaccionar, incrédulos, con la certeza de que era demasiado tarde para casi todo y de que la misión que les queda por cumplir, la de cada una de ellas, es la de sujetarse físicamente unas a otras.


24 comentarios:

silvo dijo...

Son sostén mutuo sin duda, saludos

Marián dijo...

También a eso los matrimonios de ancianos lo llaman amor...el necesitarse el uno al otro, como aquella leyenda del perro triste por la muerte de su amo...y es que al sustento diario también lo llaman amor...y se dirá que esas ancianitas necesitaban el calor de su hermana para seguir viviendo... y lo llaman amor...y es que amor siempre es y será lo que es: necesidad.

Tus entradas son muy buenas siempre para reflexionar.

Saludito.

Aristos Veyrud dijo...

Es un buen ejemplo y excelente enseñanza, aprender a sujetarse mutuamente eleva el rendimiento y bienestar físico y espiritual.
Abrazos!!!

Bee Borjas dijo...

Me has dejado con un nudo en la panza, Jaal. Esa falsa seguridad que creemos tener. Esa idea de que todo es para siempre. Que quizás mañana... Lo cierto es que lo único que tenemos es el HOY. Y que lo mejor es que nos sostengamos juntos hasta cuando sea.
Un texto muy movilizante. Muy bueno.
Un beso.

Innombrable dijo...

para ahí vamos todos...
muy bien contado
saludos
carlos

TORO SALVAJE dijo...

Tan vulnerables...
Todos.

Ellas tres y nosotros también.

Saludos.

elisa lichazul dijo...

suerte tienen quienes se acompañan
lo más triste es llegar a esa edad en soledad absoluta
arrumbado en un rincón como un mueble más

buen relato, vivido y real como la vida misma

Rafa Hernández dijo...

Como decía mi padre "que puta es la vejez". Y sino se llega, asunto feo.

Un abrazo.

Andrés de Andrés dijo...

Es un extraordinario relato, intimista y cercano. En el límite del sentido de la vida, quizás.

Melvin dijo...

Que efímera la vida atada a otras vidas, supeditada a otros alientos que se nutren de pequeños detalles cotidianos superpuestos y complementarios... Qué ternura desprende... Qué difícil soltar esas manos sin temer la pérdida... Pero qué fácil también pensar... Que uno puede enfrentarse a todo.... Besotes, me encantó porque las visualicé...gracias.

la MaLquEridA dijo...

Suficientes para sostenerse mutuamente, lastima que no es para siempre.


Saludos

Mirella S. dijo...

Una descripción totalmente realista, casi una crónica de la vida en la vejez, pero con una mirada de comprensión y de respeto.
Muy bueno, Jaal.
Un abrazo.

taty dijo...

Es un relato un poco triste, pero no deja de ser hermoso. Hay que sujetarse antes de caer al vacío, sea a través del abrazo, sea a través de la certeza de la rutina, sea por puro instinto.

Un abrazo!

nele b dijo...

por qué los viejos son tan repetitivos? será verdad que a esa edad termina la aventura de vivir?

Amando García Nuño dijo...

Lo mismo que me pasa a mí con esta especie de hermano que se empeña en decir que habita dentro de mí. Un día de estos, me voy al quiosco, y que se esmorre.
Francamente bueno, a mi entender. Pero no te fíes, como crítico tampoco valgo gran cosa.
Salud-os

Nieves dijo...

En la repetición de las costumbres está la seguridad del alma.
Ellas tres se acompañan y a pesar de las pequeñas dificultades diarias, que para ellas a veces son grandes obstáculos, los superan porque se tienen una a la otra.
Aquel tropezón le recordó que ya no quieren cambios, que lo importante es tenerse siempre...

Precioso y realista relato, me encantó!

Besos :)

Eva Letzy dijo...

En la vida es fundamental contar con la sujeción de la gente querida.
Muy bueno el texto.
Saludos

Francisco Espada dijo...

Precioso y muy verosímil relato. No tanto en la sujeción física como es la anímica sin la que en adelante no podrían pasar. ¡Enhorabuena!
Un abrazo.

Uno dijo...

Estupendo. Espero tener en quien apoyarme cuando me llegue el turno.

Un saludo

RECOMENZAR dijo...

Hay que lindo texto
No quiero cambiarlo ni comentar nada que no sea
mi admiración hacia vos

Beto Monte Ros dijo...

Cuando el apoyo y/o soporte se vuelve dependencia nos inutiliza si no lo tenemos. Bonito relato.

Saludos.

elisa lichazul dijo...

mil gracias por tu huella
besos y buena jornada
:D

Amapola Azzul dijo...

Me ha gustado el relato por su trenura, gracias. Feliz semana.

Patzy dijo...

La relación entre "hermanos", tiene, en la mayoría de los casos (aunque siempre existen las aberraciones), un condimento de continuidad, intensidad, perdurabilidad...que sólo cesa cuando uno u el otro desaparece. Son un sostén muy fuerte los hermanos, porque además uno conoce sus historia desde cero, y ellos conocen la tuya hasta en los detalles más mínimos...en tu relato has descrito, de una manera muy tierna, la solidez de ese vínculo. Abrazos, Jaal!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...