martes, 21 de enero de 2014

La hija de Oppenheimer




Solía estar junto a la puerta del patio, en la calle, sentada, fumando… Su aspecto no era malo, no tenía un aspecto decrépito, sin embargo no daba la impresión de estar, digamos, saludable. Tenía el pelo corto y cano y una mirada que solía fijar en un punto, como de profunda concentración entre calada y calada.  Si te quedabas mirándola, daba la impresión que en sus pupilas era capaz de captar la esencia de las cosas. Como si de un vistazo fuera capaz de escudriñar la materia y transportarse al fondo. Me gustaba pensar en ella como una persona que era capaz de comprender donde los demás difícilmente vemos indicios de algo.

En cierta ocasión ví una foto de Oppenheimer el eminente e inquietante físico. Eminente porque debía ser muy bueno en su especialidad atómica y también porque era capaz de llevar a cabo grandes proyectos. Inquietante porque el principal proyecto que dirigió fue el proyecto Manhattan, el de las bombas atómicas, y porque además y por si fuera poco tenía impulsos homicidas. Y sin embargo la mirada de Oppenheimer era muy parecida a la mirada de la anciana de la residencia.

A veces me ponía en el otro extremo del patio y la observaba. Observé que siempre fumaba y que miraba con la misma intensidad y era como si viviéramos en mundos paralelos e irreconciliables. Una vez coincidí con ella en el ascensor pero no levantó la cabeza y casi lo agradecí.

Un día dejé de verla y también al siguiente y al otro. No pregunté, preferí no saber qué había sido de su vida. Me aventuré a pensar que esa mujer una vez miró a los ojos de una persona, tal vez un novio o un amigo y al mirar comprendió al microscópico nivel de los átomos y las moléculas la materia de la que estamos hechos los humanos, nuestras inquietudes, nuestras voluntades y al verlo prefirió callar.

20 comentarios:

silvo dijo...

Quizás comprendió todo o quizás conocía muy bien su interior, saludos

Marián dijo...

Es mucho mejor quedarse en la superficie; en la belleza aparente...sumergirnos en nosotros mismos puede resultar mirar la física y la química...nada romántico...

Un beso.

elisa lichazul dijo...

ella de seguro prefirió callar
intenso personaje
involucrarse o mantener distancia
es aconsejable dependiendo de quien sea

los escorpiones son fascinantes pero peligrosos

besos

TORO SALVAJE dijo...

Esa mujer heredó muchos muertos.

Saludos.

Uno dijo...

Ultimamente todo me lleva a pensar en las ventajas de la ignorancia. Estupenda historia.

Un saludo

Bee Borjas dijo...

No sé la razón, pero no me hubiera gustado ver esos ojos...
Hay cosas que es mejor dejar pasar. Siento como el narrador, a veces es mejor no preguntar. Acaso será porque se intuye la respuesta?
Muy bueno. Un beso para tí.

Amando García Nuño dijo...

Alcanzó más conocimiento en una sola mirada, que toda la llamada humanidad en diez mil años de pretendida cultura. Brindo por ella, por su silencio.
Abrazos, siempre

taty dijo...

Más inquietante es la historia de esta hija misteriosa que la del padre famoso. Exquisita paradoja.

Saludos.

MA dijo...

Hay personas que tienen la mirada mala y al mirar, te dañan con mal de ojo.
Abrazos fraternos y mil gracias por tu huella en El blog de MA.

Nieves dijo...

A veces cuando se sabe tanto es preferible callar, el motivo del silencio es el que inquieta en todo caso...

Muy bueno este relato Jaal, te inquieta y te deja con ganas de saber mas.

Besos!!!

Rafa Hernández dijo...

Fascinante relato, y que cierto que que a veces no sabes para donde tirar, ni mirar. Hay circunstancias, que se la trae.

Un abrazo jaal.

Mirella S. dijo...

A veces ese tipo de miradas, que parecen abarcarlo todo, simplemente no ven nada. Y es el observador el que le pone todas esas cualidades, para después poder escribir una historia.
Muy bueno, Jaal.
Abrazo.

nele b dijo...

ojalá nunca, en realidad, nos calle la verdad.

Towanda dijo...

Hola, Jaal.
Me gustó sumergirme en tu historia y en ese silencio que eligió.
Besos.

El collar de Hampstead dijo...

Esa mujer me inspira a la vez intriga y ternura.

Buen fin de semana y un beso.

Perfida Canalla dijo...

Me ha encantado. Una descripcion muy buena de la intensidad de un personaje.
Por cierto soy Pérfida
Un saludo coleguita

Humberto Dib dijo...

En muchos casos lo mejor es callar... y desaparecer, por qué no.
Un abrazo, Jaal.
HD

Carlos de la Parra dijo...

jaal,el recuento de éstos hechos casi está culpándola por los muertos que sembró el padre.
Prefiero pensar que la señora preparaba buena tarta de manzana,o que seguía intentando comprender todo lo que supo al respecto.

Melvin dijo...

Las miradas opacas tienden a refugiarse tras la coraza de la córnea...pero una vez se hacen transparentes... El proceso de claridad es irreversible. Sencillamente ven. Un abrazo, amigo.

Juan Esteban Bassagaisteguy dijo...

Excelente descripción de la anciana: a través de tus palabras, uno no puede evitar sentirse allí, al lado de la anciana y viendo lo que el relator ve.
Me gustó mucho, Jaal.
¡Saludos!

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