viernes, 7 de septiembre de 2012

Teoría del cristal roto






La teoría del cristal roto dice que si un niño rompe el cristal de un comercio, el tendero deberá llamar a un cristalero que percibirá un jornal por su trabajo, que a su vez le permitirá comprar pan a un panadero que a su vez ganará una cantidad para comprar otra cosa o para guardarlo. De esta forma lo que a priori era una gamberrada se transforma en un bien para la sociedad. Pero si el niño no hubiera roto el  cristal, el tendero no habría tenido necesidad de gastarlo en cristaleros y podría haberlo empleado en comprar pan o haberlo guardado. La ruptura de algo no asegura la obtención de un beneficio.

Lo relevante de esta teoría es que se fuerza al tendero a gastar. Parece que el mantenimiento de esta sociedad es distribuyendo dinero por las buenas o a gorrazos. Si en la comunidad donde se ha producido el incidente solo hay un cristalero, toda la cantidad de dinero va a revertir exclusivamente en una persona por lo que el conjunto de todos los dineros generados por la rotura de cristales irá a parar a la misma persona.

Se puede deducir de esto una segunda ley, la de que el dinero debe circular entre el mayor número de personas posibles para que todos tengan la posibilidad de tenerlo. Lo deseable no es que un grupo de personas lo tenga si no que todos tengan la posibilidad de tenerlo

Los cristales como materia que son tienen un límite de elasticidad a partir del cual comienza su fractura que es irreversible. Lamentablemente en la sociedad en la que vivimos se están rompiendo los cristales. Cada vez quedan menos pero todavía quedan los suficientes. Lo inquietante es que el conjunto de los cristaleros se resume en un único cristalero que decide en qué momento comienzan las sucesivas fases de apedreamiento. Obsérvese que para que el cristal pueda ser roto debe estar en la calle o cara al público, para que de esta forma cualquier niño o cualquier político pueda acercarse y estropear todo lo que quiera. Obsérvese que es más fácil romper un cristal, que destrozar el mecanismo de las cajas fuertes que se encuentran dentro de edificios con cristales blindados, que además tienen gruesos muros y muy seguramente un personal de seguridad perfectamente cualificado en impedir que nadie ajeno al negocio pueda ocasionar el menor rasguño. Por si fuera poco, las cajas fuertes suelen estar ocultas en profundos sótanos con ignotas claves de acceso. Parece más fácil romper el cristal de la calle.

2 comentarios:

Lolo Chus dijo...

No me gusta lo de romper cristales, pero algo hay que hacer si lo que se busca es que los platos rotos de balances bancarios intoxicados y mamandurrias políticas las tengamos que pagar los ciudadanos.

Jen Salvadó dijo...

Dinero, siempre tan importante y tiene tan poco valor en el fondo... Tendremos que pensar en el intercambio de favores: tu me arreglas un enchufe y yo te lo pago con una barra de pan.
Y ellos, que sigan amasando dinero.

Un abrazo Jaal

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