jueves, 6 de diciembre de 2012

Fauna nocturna




Se nos acabó el pan un Viernes a las diez de la noche. Hay que ir al chino.

A esas horas en el mes de Noviembre, aunque sea un Viernes, no suele haber mucha gente por la calle. Llegué a la plazoleta donde los mayores echan la partida en las mesas dispuestas debajo de unos pinos. A estas horas no están, se han ido a casa. Quedan trozos de cartón que utilizan como almohada o como paravientos.

En una de las mesas hay cinco chavales bebiendo de una botella. Calientan el gaznate antes de comenzar la noche en algún garito próximo. En frente dos cubos de basura y un colchón que tenía el aspecto de haber sido usado hasta el último sueño. En la mesa del fondo hay un indigente con un cochecito de niño que usa para llevar sus cosas que pueden ser personales o chatarra. Y me sorprende pensar en la utilidad primera de ese cochecito y en la actual. Seguramente ha conocido el cariño de unos padres, igual que el indigente. Las personas tenemos memoria, algunos creen que los objetos también lo tienen.

Un poco más allá veo al Puritos, es un conocido. No le digo nada, hay veces que prefiero observar las personas y las cosas. Suele beber solo y hablar con los que se encuentra si tiene ganas de hablar. Está jubilado. Un camarero me dijo que un café le duraba media hora y los vasos de vino cinco minutos. Depende de la hora del día que estemos hablando. 

Desde el final de la avenida baja uno de los autobuses metropolitanos que van al centro. Ir al centro es como hacer un viaje al extranjero, te puedes hacer una la idea de lo que hay por el mundo. 

Al llegar al chino me encuentro que los dependientes son nuevos. Distingo que lo son porque la diferencia de edad respecto a los anteriores son considerables. El que está detrás del mostrador es un señor de unos cincuenta años, con cazadora raída y pelo como los Beatles con su flequillo hasta la cejas. Junto a él un niño enredaba en las teclas del ordenador y una chica que podría ser su mujer o su hija, eso es más difícil de saber, ponía bolsas de pan Bimbo en las estanterías. Al salir hay una puerta con una escalera que lleva al sótano y en el descansillo una olla express con algo dentro. También se veía una cuerda y ropa tendida.

Por la calle sube un corredor que sale de las sombras del parque. Resopla, la cuesta le viene grande.

Llego a  casa y una voz me dice “La cena está preparada.”


*  La fotografía es de http://mujerconojodepez.blogspot.com.es/

8 comentarios:

Mascab dijo...

Todo tu relato me hace pensar una vez más, que aún, tenemos mucha suerte.

Ojalá y no la perdamos, sobre todo, para poder compartirla con aquellos otros que no la tienen. En muchas ocasiones, solo hay que desprenderse de una sonrisa, un gesto amable, un poco de conversación y algo de lo que llevamos en nuestra bolsa de la compra. En realidad, pocas cosas más podemos hacer, salvo compartir con ellos...

Saludos

pluvisca dijo...

Es una delicia leer a alguién que le gusta observar su alrededor y nos hace partícipes de lo que le hagan sentir

:)

Lady_Celeste dijo...

!!Hola,Jaal!!

Es curioso q de noche,a veces, se suelen ver las cosas con mas nitidez q de día,aun estando oscuro.Supongo q es ese silencio q existe en esa hora nocturna lo q hace q los sentidos se amplifiquen.Lo has detallado perfecto,me ha parecido estar subiendo la cuesta yo misma,con resoplido incluido.Una foto preciosa,claros y sombras,me ha encantado.
Muchísimos besitos,Jaal.

silvo dijo...

Me gusta como está expresado lo que te encuentras, saludos

Lichazul dijo...

esperanzador texto , gracias por tu huella en mis blog de opiniones
desde Chile un saludo y buenas energías

juan andrés estrelles dijo...

Era como ir acompañadote a la tienda. Sin duda una fauna exquisitamente descrita.

Jen Salvadó dijo...

La cotidianidad de nuestras vidas es maravillosa... Me gusta tu casa.

Un saludo

Rafa Hernández dijo...

Tienes gran talento compañero.

Un abrazo.

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