domingo, 2 de diciembre de 2012

Acero Inoxidable




Hay muchos bares que tienen una barra de acero inoxidable.

Es domingo por la mañana, pido un café con leche y un bollo. A mi derecha, a un par de metros, hay un chaval joven con aspecto de haber estado toda la noche de juerga. Con ojeras, apoyado sobre la barra. Bebe una cerveza y está solo. No para de teclear en su teléfono móvil, lleva los auriculares puestos y una cazadora de cuero.

En la televisión del bar sale Rajoy que dice algo sobre la nueva iniciativa que se ha tomado para frenar los desahucios, habla de solidaridad y de que lo peor ya ha pasado. En estos momentos en España cada día algún político hace un comunicado. Cada comunicado es más increíble que los anteriores. 

El camarero atiende a dos clientes que acaban de entrar. Leo un periódico. El volumen de la televisión está muy alto. Da la impresión que por momentos está un poco más alto. Siento un ligera vibración sobre la barra del bar. Al lado hay un expositor con patatas alioli y unos boquerones en aceite. Vibra la barra, pero solo un poco. En la tele echan los goles de los partidos de ayer. Se oye la celebración de las gradas y al comentarista explicando el cuarto gol de Madrid. El chico de al lado sigue tecleando, no da tiempo a que la persona que está al otro lado del móvil le pueda contestar. Supongo que está comunicando con alguien a través de algún sistema de mensajitos para móviles de esos que proliferan ahora. No para de teclear. En la barra vuelvo a sentir una ligera vibración y luego otra mientras paso la página del periódico.  En la tele se oyen los goles del Valencia y después algo de que Fernando Alonso no está en la pole, mientras el camarero saca dos croasanes de la plancha.

Desde donde estoy puedo oír la música que está escuchando el tipo de al lado. No se si he dicho que lleva los cascos puestos. Y sin embargo oigo la música, algo con mucho ritmo como un merengue o de ese tipo de música caribeña,  bachatas o algo así. Puedo oír la forma de teclear fuerte, sin pausa. Le miro y gesticula después de una oleada de teclazos como si reaccionara a algo. De la pantalla puede salir texto pero parece  imposible que no pueda ver otra cosa que sus propias palabras. 

El teléfono está apoyado sobre la barra, vuelvo a sentir una vibración  y unos ojos desorbitados que miran lo que debe ser una respuesta, la respuesta definitiva. La capacidad del acero inoxidable para transmitir noticias, vibraciones. Y la voz del tipo elevándose sobre todos los ruidos del bar diciendo “¿Por qué me has abandonado?”


6 comentarios:

Mascab dijo...

EStá claro!! porque solo le interesan las relaciones a través del teléfono!!

y hay que vivir en el mundo real, hay que trabajar cada día para que aquellos a quienes amamos sean felices dentro de nuestra realidad.

Si nos limitamos a sentarnos ante la pantalla del móvil o del ordenador, nos perdemos en mundo virtual.

Es una lástima, pero cada vez me veo a más gente mayoritariamente joven sentada en grupos a una mesa en cualquier cafetería y en lugar de interactuar entre ellos, se limitan a estar cada uno con chateando con su teléfono. A veces creo que hasta se comunican entre ellos por ése sistema en lugar de mirárse a los ojos y acariciarse el corazón...

Mundo!!!

Saludos

Rafa Hernández dijo...

Esto de los móviles es un desastre. Con este invento la gente ha perdido todo el sentido de la comunicación. Me refiero el hablar y dialogar con las personas. Sobre todo entre la gente joven no hay conversaciones amenas ni por asomo. Donde hay un grupo de tres o cuatro jóvenes, los ves todos como poseídos dándoles al boato, cuando lo mismo ni siquiera se han saludado previamente. A mí desde luego este invento no me gusta para nada. Muy bueno el relato que te has cascado, con un final que no esperaba. Por cierto el Valencia marcaría goles ese día, pero está para que los encierren a todos por ruines.

Un abrazo jaal.

ohma dijo...

Habrá algo más desolador que te dejen a través de un mensaje por el móvil?
Saludos.

Jen Salvadó dijo...

Me gustan los bares con barras de acero o de mármol porque son más fáciles de limpiar, hasta las lágrimas se secan más rápido en ellas.

Es una paradoja que le hayan dejado por falta de comunicación, ¿no crees?

Un saludo

Uno dijo...

Estupendo el relato. Me encanta esa barra. En otro orden de cosas hay que tener cuidado de que un abandono no te pille en un entorno deprimente. Si te hueles que va a haber lío vete a mandar los mensajes al Botánico, pongamos por ejemplo. Pero que vas a esperar de alguien a quien están abandonando y se enchufa una bachata. Yo también le dejaría.

Un saludo

(una de las etiquetas de mi blog es "Bares")

Aristos Veyrud dijo...

Trepidante relato en acero mayor ja ja ja. Allí quedó un corazón partío, todo un drama en puntos suspensivos...una caída libre al vacío del olvido.
Un relato urbano que retrata los cambios y transformaciones de las nuevas generaciones con las mismas pasiones y penas de las antiguas o las que le preceden y preceden y preceden. El corazón, como protagonista y como epicentro de lo que nos resume todavía como seres humanos.
Saludos!!!

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