martes, 6 de noviembre de 2012

El Aullido - Madrid 2012 - I




“He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura, famélicos, histéricos, desnudos arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de un colérico picotazo”
Allen Ginsberg


Este es el comienzo del famoso poema  de 1956 que escribió ese pope de la generación beat llamado Allen Ginsberg. Eran cerebros consumidos por las drogas, por las modas, por las compañías, por ellos mismos. Eso con ser mucho no es comparable a lo que estamos viviendo en España en 2012. Digo España por no añadir otros países de la zona o del mundo. En España se están destruyendo los cerebros por la propia indiferencia de la sociedad. Pero no solo los mejores cerebros, a estos hay que añadir todos los demás cerebros. Pero no solo los demás cerebros, se está pudriendo una parte de la sociedad y por extensión la sociedad misma.

Mi particular toma de conciencia comenzó hace cinco años cuando ví la película “Enron, los tipos que estafaron América”. Ahí se explicaba el hundimiento en tres semanas del 2001 de la que era una de las empresas más fuertes de Estados Unidos. La causa fue la privatización de la red eléctrica en varios estados  y del acceso privilegiado al que tuvieron algunas empresas de antemano favorecidas por la administración. En California la empresa adjudicataria fue Enron que comenzó un desmesurado crecimiento a consecuencia de la liberalización de los precios. El negocio se fue enmascarando en la forma de bancos que daban préstamos, sociedades consultoras que mentían en la valoración de activos, soborno de políticos para el cambio de leyes, bancos que estaban al corriente de lo que estaba pasando pero se callaban, dinero. Mientras la burbuja se inflaba, aparecían conceptos financieros cada vez más complejos e incomprensibles que servían, bajo el paraguas racional de los números, para enmascarar y estafar. Gran parte del sistema responsable de la toma de decisiones quedó bajo sospecha. No obstante la empresa se vino abajo, hubo una representación de algo que se llamó justicia y eso fue todo lo que el poder hizo por el contribuyente. Los directivos se hartaron de ganar dinero y lo mantuvieron. Y ahora viene lo mejor de todo. Ninguna de las organizaciones u organismos de control que deberían haber supervisado el desastre aprendió. Cómo hacerlo al ser ellos parte  del problema. Se les olvido a políticos, banqueros, jueces, agencias de calificación, también llamadas de rating. Esto fue en 2001 y vamos a decir que en 2006, cinco años más tarde todos se estaban comportando como si nada hubiera ocurrido. Ya se vivía el alboroto de las hipotecas subprime.

Por supuesto todo fue convenientemente expresado con números y conceptos económicos convenientemente abstractos e incomprensibles. A veces las conductas más impresentables de los hombres se ocultan bajo o junto a números y conceptos matemáticos. No debemos olvidar que la gestión de los campos de concentración estaba mediada por la experiencia y la alta cualificación de gestores en empresas. Los mismos números que eran capaces de anticipar el beneficio de una empresa automovilística, también lo eran de preveer la cantidad de combustible que necesario para gasear e incinerar a un número  de personas.

2 comentarios:

Fiaris dijo...

Me pase a saludar

Jen Salvadó dijo...

Varios políticos han vendido alguna vez a sus países, pero no todos han pagado las consecuencias. Si, me recuerda al caso de los nazis, sólo que disfrazados de juguetes a la puerta de un colegio.
Y nosotros, que no aprendemos.

Otro abrazo

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